
Por D. José Yela
(Psicólogo Clínico)
Dejando
por sabido que el “alcoholismo” es una enfermedad bio-psico-social y que como tal ha de ser tratada; no nos sirve
ubn abordaje individual siguiendo el modelo médico,
sino que tendremos que recurrir a un tratamiento integral.
Conociendo,
también, que el alcoholismo es una de las primeras causas de mortalidad y que
“España es el segundo país del mundo en mortalidad a causa del alcohol” – según
demostró estadísticamente el Dr. Schuller,
Catedrático Emérito de la Universidad Complutense- en el Curso de Verano sobre
“Repercusiones del Alcoholismo” del pasado año; que, el alcohol-etanol es el
agente patógeno que actúa sobre el organismo modificando procesos fisiológicos
y neuronales hasta crear una necesidad de consumir para funcionar con cierta
normalidad; y que el número de afectados por el consumo de alcohol, en los
distintos estadios de la carrera alcohólica, supera la cifra de dos millones en
nuestro país, por lo que se ven afectadas dos o tres personas por cada enfermo,
el resultado es preocupante, “es el primer problema socio-sanitario de España”.
La primera
que sufre las secuelas del alcoholismo es la familia. Definiendo ésta como el
grupo generacional que vive bajo el mismo techo y establece una dinámica de
relaciones, normas, pautas y comportamientos orientados a la mejor convivencia
y a la consecución de metas, objetivos y aspiraciones concretas.
Podemos
distinguir tres sistemas fundamentales:
- Conyugal o de pareja.
- Parental (padres, hijos).
- Fraternal (hijos, hermanos).
En la
etapa de ingesta de alcohol de uno de los miembros de la pareja, en el hogar la
armonía conyugal no existe, la convivencia de la
pareja se presenta conflictiva, llena de dificultades y problemas; y, con
frecuencia, se termina en una separación real o encubierta; aun cuando se
mantenga la capacidad laboral del marido y siga siendo el principal sostén
económico de la casa; éste va perdiendo responsabilidad y autoridad que habrá
de asumir la esposa, viéndose obligada a tomar las riendas del hogar, y siendo
la cabeza visible del mismo.
Tendrá que
soportar la irritabilidad, el carácter y los cambios de humor-impulsividad,
agresividad, despreocupación, irresponsabilidad de la persona enferma; y, en
muchos casos, mantener económicamente las necesidades de la casa.
El Dr. Freixa describió esta situación, en la ponencia de clausura
del XIX Congreso Nacional de la F.A.R.E., celebrado
en Madrid, como “un terremoto cuyo epicentro es el enfermo, pero la onda
expansiva afecta de forma – unas veces lenta, otras traumática pero siempre
profunda- a todas las estructuras de la micro sociedad familiar”.
El enfermo
se desmorona, pero no se desmorona solo; arrastra tras de sí a todos los demás.
Se complican las relaciones con las familias de ambos, en más de una ocasión
hemos oído decir “esa chica no ha sabido entender a ese hombre”, “no le sabe
llevar”, “mi hijo es bueno, pero esa mujer no le entiende”…; se deteriora el
proceso psico-evolutivo de los hijos; se rompe la
convivencia de la pareja.